España 1 (3) – Rusia 1 (4), domingo 1 de julio de 2018, Moscú (Luzhniki), octavos de final

Quizás se trata de que esto ya ha terminado. Sencillamente eso, que el asunto acabó después del partido de Argentina vs. Francia. Uno está tan involucrado con su equipo que cualquier relato sobre el mundial es sólo eso, la narración de los vaivenes emocionales que atravesamos a lo largo de la competencia. Creo que no sabría armar una buena historia, y sospecho que no es algo que podré aprender. Pero también a veces pienso que la historia está en el fondo más profundo de uno mismo, y que la escritura como tarea es recuperar esa historia que uno se está contando a uno mismo sin darse cuenta. En algún sentido —como leí en una carta que le escribió una vez un novio a mi hermana hace muchos años— a mí también me parece que a toda literatura no autobiográfica le falta algo esencial, o quizás, mejor, que toda literatura no autobiográfica es una renuncia a ser autobiográfico, y que esa renuncia es justamente el tema de esas ficciones no autobiográficas, y entonces, si la razón de esa renuncia es lo suficientemente artística, la literatura no autobiográfica puede justificarse. Quedaría aclarar qué significa autobiográfica. No tiene que ver con que el relato sea verídico ni verosímil, sino con que la motivación sea la de contar algo que sucede en mí, o sea en mis propias frases. Casi no hay nada que decir sobre el partido de Rusia con España. O quizás sólo que cuando dos países europeos se enfrentan, es más frecuente la asociación con la guerra. Sin embargo, cuando el juego está sucediendo, casi no veo nada de ese asunto (excepto tal vez en los festejos de algunos jugadores). El deadline me ha puesto una presión un tanto incómoda, pero sigo pensando que es necesario. Si no estoy equivocado, sigo dos textos atrasado.


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