El método que uso para escribir es: primero veo compacto de dos minutos y diez segundos del partido; luego me siento frente a la página de Word con el cursor titilando y espero que pasen los dos o tres primeros momentos de arranques ansiosos hasta que surge algo, alguna frase, una idea (muy pocas veces un recuerdo) que en ese momento me parece que merece la pena. Esta mañana vi el compacto de Croacia vs. Dinamarca y me quedé sentado esperando que pasara esa fase de inquietud, pero después de eso no vino nada. Hice el intento dos o tres veces, y nada. Como en YouTube estaba el partido completo, me puse a ver la primera parte (en los primeros cuatro minutos suceden los dos goles del partido) y luego adelanté buscando el momento en que, faltando pocos minutos para que termine el partido, un jugador croata se va solo frente al arco y un danés le comete falta dentro del área cuando estaba a punto de hacer el gol. (Luego Modric patea el penal y el arquero lo ataja). Volví a sentarme a esperar frente a la página de Word. Pero de vuelta nada, sólo esos típicos tirones un poco elementales que trato de evitar. Ahora son las nueve de la noche y al sentarme me pasa lo mismo: NADA. Nada de esa cosa un poco especial que me hace escribir un poco más confiado, más seguro, y que es lo que permite que por instantes pueda sentirme en esa especie de fantasía infantil que mencionaba antes. Pero como en este caso el proyecto es lo más importante y el cumplimiento de los plazos es primordial (sigo retrasado dos textos; pensaba que hoy iba a recuperar uno escribiendo a la mañana y a la noche), he empezado a escribir en uno de esos impulsos que había aprendido a descartar. A esta altura es evidente que cuando escribo (cuando digo “escribo” en estos casos es casi como si hablara de soñar, como algo totalmente involuntario) no sale casi nada sobre fútbol. Los comentarios que he escrito sobre fútbol han sido algo que suena en mi cabeza pero con una voz que no parece mía, como si fuesen archivos de audio que alguien me ha copiado en la memoria. Podría ser que la culpa la tengan los programas de la tele que he visto en YouTube durante el mundial y algunos de esos trozos de no más de diez minutos del programa de radio que escucho en el auto cuando estoy yendo a trabajar al medio día.
Hoy escribí en las notas del teléfono —pensando un poco en el dinero y la escritura—: “un poco obligado a hacer de la escritura una actividad virtuosa”. Se me ocurre que los deportes profesionales precisan de que quienes lo practican consideren que lo que hacen es algo en verdad virtuoso.

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