África.
África. África suena a Sudamérica. Argentina me suena a África. ¿No deberíamos
estar más asociados a la aventura? Un niño nace, crece, y comienza a entender
frases largas. Se le dice: “Has nacido en la tierra de la aventura. De la
verdadera aventura. Tu aspecto caucásico es el de un aventurero y has tenido la
suerte de estar en el mismo lugar en que se desarrollará tu aventura. Cualquier
cosa que desees (excepto un par que te explicaré más adelante) te conducirá a
vivir una historia llena de sucesos que nada tienen que ver con tu deseo.
Al final estarás tan confundido que tu deseo será solo una anécdota. Cuando
tengas entre cuarenta y cincuenta años sentirás, por fin, que eres un argentino, y tu nacionalidad será el
nombre de la aventura”. Yo, el que soy cuando no escribo, no pienso esto. No
pienso nada. Pienso cosas sueltas, inconexas con todo. Nada especial, como
todos. Y el que escribe no piensa, porque pensar implica retener. Y lo genial
de escribir es que no necesito retener, o al menos no de la forma en la que se
“piensa”, guardando, memorizando cosas que acabamos de formular en nuestra
cabeza, inmovilizando las sensaciones y reverberaciones de cada frase, de cada
palabra. Un dolor de huevos, en resumen. O es que es algo imposible. Colombia.
¿Han probado café colombiano de buena calidad? Ahora recuerdo cuando tomé café
colombiano por primera vez (tuve una bolsita de

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